lunes, 5 de octubre de 2009

In Memoriam


“Volver, estar de vuelta, de regreso,
el tiempo zurce su fugaz rotura
como espejo que inventa una figura
para otra vez venir a darme un beso….
“Volver” del Mtro. Espejo Méndez


                              Lo descubrí escuchando la radio. Fue una de esas mañanas calurosas del mes de mayo. Presuroso, como siempre, subí al auto y salí a buscar a Grizel como todos los días. Ella salía un poco pasadas las once de la mañana, era el horario de aquella escuela de monjas donde estudiaba preescolar. En el camino, con la radio encendida, escuché la voz clara y serena de un hombre maduro, entrado en años, pero no la de un viejo, sino la voz madura y familiar de alguien que explicaba algo acerca de los papagayos, que así le llamamos a los papalotes o cometas aquí en Yucatán. Después, un soneto hermoso. Lindo en verdad. Me quedé extasiado, fascinado, encantado con aquel breve soneto. Se trataba del Poeta y maestro Don Fernando Espejo Méndez. Al día siguiente lo escuché de nuevo. Los Clips se llamaban “Cosas de Yucatán” y se transmitían en el 92.9 de FM del IMER (instituto mexicano de la radio) yo conocí esta estación de radio cuando se llamaba “radio solidaridad”.
Y así, día tras día, camino a la escuela de mi hija, escuchaba al Poeta los escasos pocos minutos que tardaba el clip. No fueron pocas las veces que estacionaba el auto para escucharlo mejor. Después me enteré que también lo transmitían en otros horarios, pero debido al trabajo no podía escucharlo a esas horas. A decir verdad, yo ya conocía al Maestro Espejo Méndez, pues eventualmente leía su columna en la página editorial del Diario de Yucatán donde él escribía. Narraciones y crónicas de esas que deleitan a uno cuando las lee. Lo que no sabía de él era la gran obra que en su vida había hecho: fue un poeta, filólogo, cineasta y publicista mexicano, nacido en Mérida, Yucatán, en 1929.
A los 21 años, en 1950, fundó con un grupo de poetas de su generación, la revista Voces Verdes. Poco después es nombrado secretario de redacción del Diario del Sureste y director de su Suplemento Cultural Artes y Letras.
Durante 35 años se dedica a la dirección cinematográfica produciendo cortos publicitarios y también documentales. Por estas tareas es varias veces premiado en México y el extranjero: gana el Annual Award de Hollywood al cortometraje; el famoso premio Clío en Nueva York y el León de Plata en Venecia en 1971, por el mismo género de producción cinematográfica.
Pero sin duda, la obra más grande del maestro, fue su obra poética y sus magníficas narraciones que hizo de nuestra tierra, Yucatán. No podría, por cuestión de espacio, escribir aquí todos sus poemas, pero transcribiré algunos y los comentaré:



Quise conceptualizar mis sensaciones pero no pude. Se trataba de algo más allá de la realidad aprehensible. El ritmo y las imágenes poéticas del maestro Espejo despertaban en mí un estado de excepción. El poeta nos deleita con su imaginación, pero el poeta va más allá; los andamios de su poética parecieran estar asentados en el alma, así pues nos escribe: …


“Uno se va por ahí nomás, emigrante voluntario. La migración es hoy la ruta más conocida en todo el mundo… pero más todavía, los que se van a la mitad del viaje, antes de imaginar siquiera el destino que les espera: oscuro o luminoso, más haya de la proa han de volver la vista atrás, irresistiblemente, aunque fuera una sola vez. Hacia atrás; como Lot y su esposa que se hicieran granos de sal, como si el emigrante se hubiera embarcado sin retorno y se asomara a mirar por la borda un mar derepente distinto tenebroso y poblado, quizá como él, de otros peces que no saben volar…”

El mar ya no es el mar como era antes…
Yo me enlisté de marinero un día
y fui, como los grandes navegantes,
tras de la estela donde el sol se hundía.
Me hice grumete de la geografía,
polizón entre velas y sextantes
y capitán y mástil y vigía;
y uno de esos fantasmas siempre errantes…
será este barco siempre el mismo barco;
suelto el timón derivará la proa
hacia la oscura majestad del charco
donde reina la luz de lo sencillo,
la voz del agua que la rana croa
y el comentario eléctrico del grillo.

Es, sin duda, un poema con aliento casi onírico.

Su magnífica metáfora alude a los dioses. Cancela la melancolía porque su camino es espacio del eterno retorno, alegoría de tránsito:

“El faro es una figura prometéica. Prometeo, el griego que se robo el fuego del sol para dárselo a los hombres… es muy clara la imagen. Igual por eso Seus lo encadenó a una roca en donde un águila le comía todos los días el hígado que se le reponía durante la noche. Encadenado a la orilla, muy cerca de la playa, el propio faro se ha de comer sus propios hígados ante la desventura de no poder meterse al mar. Encadenado, por las noches se le suele ver brillar mar adentro y los rayos de luz parecen querer penetrar en el mar y en la oscuridad: a lo más hondo. Una temporada de estos veranos me pasó a mí lo mismo: fue un tiempo en el que quise ir al mar, pero no tuve el tiempo..."

La luz del faro encenderá el verano
y aún a mi pesar me será ajena…
Yo fui siempre eslabón de esa cadena
que atado me ha llevado de la mano…
esta vez hasta el mar me juró en vano….
Y ni su infinitud mide la pena
de este tiempo perdido en que la arena
da vuelta a su reloj grano por grano…
aquí el sol de la tarde agosto agosta….
No habré de poner yo lo que él no puso,
si ni el poniente ha puesto ni un reparo…
haya queda la playa, el mar, la costa.
Yo, encadenado prometeo confuso,
ahora me quedo en tierra, como el faro.



Melómano, conocedor de la canción yucateca, hace un hermosísimo collage con ellas al escribir:


“La canción yucateca, la famosa, la de principios y mediados del siglo pasado es esencialmente romántica y siempre dedicada a una mujer inalcanzable, INALCANZABLE. Ese es, aparentemente, el tema único, el beso imposible a la boca soñada, a los labios amados; el canto a la imagen de una mujer doncella que permanece apartada, atrapada también detrás de una reja y un balcón; así era, siempre. Yo sé que nunca besaré tu boca: NUNCA.”

“En el fruto prohibido de tu boca encendida,
quiero mi sed de amores y mis ardores apagar
y sorber en un beso encendido y travieso
toda tu vida blanca y florida como un rosal.
Como una almendra roja o una flor que oculta su dulzor,
tu boca se me antoja las veces que la mojas con mieles del amor.
Libélula amañada en sangre de coral,
es tu boca mojada, risueña y perfumada como flor tropical.
Vana es tu fuga, tu esquivez es vana,
si con mi amor tu pensamiento apreso…
si de tus labios rojos enlagrana
cuando me dices no, sorprende un beso….
En tu boca de fresa quiero besarte
con un beso infinito que te estremezca
y te haga llorar….
Es un beso asesino el que te quiero dar….
Porque en la gloria de tu boca linda,
los besos tienen atracción de hoguera….
Dicen, los sabios más sabios,
que el tiempo lo borra todo
pero no dicen el modo de olvidarme de tus labios….
Para olvidarte a ti, que aún me quieres,
me embriagaré sediento de placeres en la pagana copa de otros labios
yo sé que nunca llegaré a la loca y apasionada fuente de tu vida,
yo sé que nunca besaré tu boca de púrpura encendida
me iré soñando que tú me quieres y con los besos que no te di…

Como si el autor hubiera querido desprenderse lo antes posible y de la manera más absoluta de su sentir, lo hizo en la única forma en que le era dado hacerlo: escribiéndola.

“Navegaré por una mar paciente
donde el silencio ciegue
y la blancura del sol sobre la sal se me reviente
en un hambre infinita y sin hartura
iré bogando solo y lentamente
sobre la sed partida, seca y dura
con los ojos sin párpados y ardiente el corazón
como una quemadura
así navegaré porque me apura
una ansiedad de brisa hacia la altura,
un salitre lejano e insistente,
un sabor en la boca tan frecuente
de amor, de casa y tierra mía ausente
y una ansiedad de paz de añadidura”



Y quién no ha soñado con el paraíso perdido de la infancia. Ésta irremediablemente termina. La pena consiste, de esta manera, en crecer, en abandonar la primera morada, en desprenderse y deshabitarse del calor de las figuras tutelares, de la seguridad del espacio y del tiempo que se viven, usualmente, en la casa de la infancia:

“Todos tenemos una primera casa, grande como un castillo de las viejas estampas. Cuando eres grande y la vuelves a ver ya no es tan grande como entonces era, pero te guardas esa nueve pequeñez de aquel castillo, te lo metes al bolsillo, te haces al desentendido, y mejor te quedas con la memoria de la otra: la tuya, aquella.
Si quisiéramos, si de verdad fuéramos valientes, podríamos intentar volver a desandar aquel camino andado que nos llevaba al patio, a la ruta familiar de las hormigas, al lejano jardín del limonero, al tamarindo, al aguacate; podríamos volver a descubrir que era aquello que sonaba en la oscuridad dentro del viejo reloj, quien caminaba junto a nosotros en la seguridad de los primeros pasos… si nos atreviéramos; aquella casa mía indestructible, aunque la picota del tiempo la haya tirado sin tomarme en cuenta, sigue ahí, de pie, sobre la tierra…

Un muro blanco, ciega arquitectura.
Una tapia sin puertas es mi casa.
A sus estancias solo el tiempo pasa
Y solo a mis recuerdos su estructura
Mi nostalgia costura y des costura
la trama de mi infancia y su argamasa.
Una ausencia baldía me traspasa
y la maleza arraiga en mi aventura
donde acabo mi amor el mas pequeño
del que nunca pudiera sustraerme
quien será ahora de ese tiempo el dueño
nadie más ahí habita nadie duerme,
pero que sepan que yo en ella sueño
y en ella vivo, por si quieren verme…


En algo así como todo un tratado de reconciliación con la vida, como un sentido de preservación, de conservación y de regreso al pasado que todos experimentamos alguna vez y después de inventariar las cosas de la memoria, las cosas que están más allá del alma el poeta nos ofrece esto:

“Volver, estar de vuelta, de regreso,
el tiempo zurce su fugaz rotura
como espejo que inventa una figura
para otra vez venir a darme un beso
ahora he vuelto y me encuentro en el proceso
de la reconstrucción de la hermosura,
todo está igual hasta el amor perdura,
tal vez yo soy así tal vez por eso soy yo el que vuelve,
pero todo vuelve, la bandada de pájaros resuelve
anochecer la luz del algarrobo
y ante la misma tarde que regresa
a llenarme de trinos la cabeza,
hoy he vuelto a poner cara de bobo….”

 Su obra nos recuerda lo cotidiano. Fernando Espejo recoge el ìntimo temblor de la apariencia, y al contorno de los acontecimientos agrega la añoranza de aquello que es parte integral de su propia biografìa: sus sueños, sus anhelos, sus esperanzas....Lo elemental es una de las contantes de su trabajo poético y de sus narraciones:


“En tiempo de lluvia entre la hierba y por la noche, aparece el cocay… es nombre maya para decir luciérnaga, pero quizá proceda de alguna lengua antillana. Cocay da lugar a cocuyo, cucuyo, cucayo y otras variantes en toda la región del caribe, de Centroamérica y de las costas del golfo, pero es sólo uno y el mismo: un animalito que despide en la noche una luz viva y brillante…. -Vibración de cocuyos que con su luz borda de lentejuelas la oscuridad…- ¿se acuerdan? Un día, cuando éramos apenas unos niños, mi hermanito y yo decidimos pescar en vuelo todos los que pudiéramos para meterlos en un frasco. Los veíamos brillar a los cocayes por el camino, junto a la vía del tren, después de la lluvia y ahí los estábamos pesca y pesca, a mano limpia; juntamos muchos. En el frasco aquel se le veían como una lámpara haciendo una verde justificación de su nombre en latín: Piroforus fosforesens, o sea, el que carga el fuego y brilla como el fósforo. Pensábamos que podíamos ponerlos en el faro de la bicicleta, por ahí nos andaríamos dando vueltas sin fin por las calles oscuras alumbrados de cocayes. Del frasco al faro aquel de la bicicleta se nos fueron escapando de una a una y por bandadas saliendo por encima de nuestras hamacas, volando por el infinito cielo negro de nuestro cuarto; nos dormimos encendidos de chispas de luz como el que duerme entre exhalaciones, estrellas fugaces y meteoritos. A la mañana siguiente, los animalitos amanecieron regados por el piso todos muertos de oscuridad, en el cerrado espacio de su prisión. Ese día aprendimos que los cocuyos o cucayos, las brillantes luciérnagas, los cocayes, son la más pequeña, la más diminuta, la mínima luz de la libertad…”

Investigador y lector ávido, el Maestro Espejo nos deleita con esta botánica narración:

“En un libro de botánica leí que las flores eran los órganos sexuales de las plantas, sus genitales, pues. Vistas así, de pronto el asunto hasta resultaba chocante. En realidad como en el caso del rojo flamboyán o del ishmaculis rosa o amarillo o como la famosa lluvia de oro que florean tan libidinosamente, son quizás la más hermosa muestra de la lujuria de dios. La fuerza de la vida ante su imperio hace entonces una sola palabra del lujo y la lujuria… el alcatraz, el anturio, y aun el sencillo tulipán con aquellos espádices erectos cubiertos de mieles y perfumes, enseñan su lascivia desnuda y llena de impudor. Las orquídeas silvestres que tantas y tan bellas se dan en Yucatán, son de las flores en donde mejor se exhibe esa infinita y todo poderosa libido divina. La orquídea, de todas las flores tropicales la más descocada, es presumiblemente promiscua y claramente concupiscente. Pero igual otras flores hay que se valen de vestimentas falsas para disimular su humildad como la buganvilia y la pascua que pintan de colores sus pétalos más próximos que se llaman brácteas luego para exhibir su lubricidad… ¿se acuerdan del ave del paraíso? ¿De la magnolia, del gladiolo, de la flor de la pitaya, del anturio, del girasol y hasta del modesto clavel? Otras hay que no solo con su forma desfachatada y colorida vestidas para matar sino aún más, con su excitante perfume, salen al mundo a exhibir su ansiedad deslumbrante, a derramar sus néctares melifluos en el paroxismo de sus éxtasis eróticos… la gardenia, el jazmín, la azucena el azar, el azar cuyo blanco y puro temperamento asume roles de proxeneta nupcial. La violeta hecha de suaves y humildes genuflexiones, la azucena, el lirio, y hasta la pasionaria que es capaz de inventarse los clavos y la corona de Cristo solo para impresionar. Sabrá dios por qué se empeñó en vestir así a las flores de tantos y tales modos provocativos. Salta a la vista la intención erótica como medio de reproducción obligada, como orden divina, ineludible: creced y multiplicaos que de alguna manera nosotros igual hemos sido capturados por esa belleza y la belleza nuestra; pero Lineo el padre de la botánica dijo textualmente: los genitales de las plantas son vistos con deleite, y agregó pudibundo, los de los animales con abominación y los nuestros con extrañas y disturbartes emociones…”
Hay intención en él de rescatar el origen de las cosas, de retornar a las esencias para devolverle su sentido primario a las palabras.



PAPAGAYO

“Subes, como la cresta de una ola,
como sube el verano vas te elevas
y hasta el cielo poliédrico me llevas
colgando en las piruetas de tu cola,
tu inventaste la luz para que muevas
tu alegría papagayo alta y sola
y la brisa de chuza y carambola
para que jugandito te la bebas…
que mal que estés tan solo a tanta altura
invítame a volar, tal vez el viento papagayo me pegue tu locura…
que bien los dos ardiendo por la playa,
yo quemándome el gusto a fuego lento
y tu tras una roja papagaya…”


Bueno, el Poeta Fernando Espejo Méndez fallece el 11 de septiembre de 2007. Y éste pretende ser un humilde homenaje de un admirador que, como el mismo Maestro dice, quise conocer personalmente pero ya no me alcanzó el tiempo….


PROFR. GENARO IGNACIO CERVERA MARTIN.
SEPTIEMBRE DE 2009

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